Yo quería ser cocinero. Un cocinero cordobés, para más señas: de salmorejo, de rabo de
toro, de guisos con horas de fuego. Quería aprender la técnica que permite llevar los
sabores de siempre a la alta cocina sin perder lo que los hace nuestros.
La vida me llevó por otro camino. Llevo más de veinte años haciendo crecer negocios y
dirigiendo equipos, y más de una década al frente de un grupo de escuelas. Nunca llegué a
ponerme la chaquetilla. La espinita, sin embargo, sigue ahí.
Por eso, cuando pienso en alguien que entra en esta web un domingo por la noche y se
pregunta si será tarde para empezar, no tengo que imaginármelo demasiado. Yo he pedido
información a Le Cordon Bleu. He estado en su jornada de puertas abiertas. He sentido ese
cosquilleo delante de sus cocinas. Soy, literalmente, ese lead.
Y desde mi experiencia al frente de escuelas sé lo que implica estar al otro lado:
entender qué busca esa persona, acompañarla en sus dudas y responder cuando todavía tiene
abierta la posibilidad de cambiar de vida. Sé que detrás de cada solicitud hay una
decisión importante. También sé lo que significa para el negocio atenderla bien.
Le Cordon Bleu siempre ha representado para mí la máxima excelencia. Este puesto reúne
dos partes de mi vida que hasta ahora habían ido por separado: lo que he aprendido a hacer
y el mundo al que siempre he querido acercarme. Abrir mercados, desarrollar nuevas líneas
de negocio, dirigir equipos y convertir la estrategia en resultados. Esta vez, al servicio
de una escuela que puede cambiar vidas y cuya capacidad de ilusionar he sentido en
primera persona.
¿Que para qué fui aquel día, si mi vida iba por otro lado?
Ahora lo sé: para esto.